Nuestra historia
Hay proyectos que nacen de una idea. Otros nacen de una necesidad. CALA nació de ambas.
En 2019, mientras realizaba mi trabajo de investigación para graduarme como Licenciada en Psicología, empecé a hacerme una pregunta que, en ese momento, parecía mirar demasiado hacia el futuro: ¿qué lugar podían ocupar las Tecnologías de la Información y la Comunicación en la práctica clínica?
Esa investigación me permitió entrevistar a referentes como Héctor Fernández Álvarez, Eduardo Keegan y Hugo Hirsch. Más allá de todo lo que aprendí de ellos, hubo algo que quedó resonando mucho tiempo después de terminar la tesis.
Recuerdo especialmente dos ideas. Héctor me pidió que nunca perdiera el entusiasmo y que cuidara siempre esa pasión por la profesión. Hugo, en cambio, me habló de la importancia de pertenecer, de construir comunidad y de aprender a escuchar cuáles son las necesidades reales de las personas.
Todavía no lo sabía, pero esas conversaciones estaban sembrando la primera semilla de CALA.
Meses después llegó la pandemia y, con ella, una transformación que nadie esperaba. Mientras defendía una tesis que hablaba justamente de las posibilidades que ofrecía la virtualidad para acercar la psicoterapia, comencé a desempeñarme como ayudante de cátedra en la universidad.
Fue ahí donde apareció una pregunta completamente distinta.
Miraba a los estudiantes y sentía que algo faltaba. Los apuntes llegaban, las clases continuaban y la bibliografía estaba disponible para todos. Sin embargo, se había perdido aquello que, para mí, también forma parte de la formación de un profesional: el encuentro con otros.
Recuerdo haber pensado muchas veces: si yo hubiera empezado la carrera en plena pandemia, probablemente no habría soportado ni una semana.
Entonces entendí que el problema no era la virtualidad. El problema era que estábamos usando la tecnología para transmitir información, pero no para generar pertenencia.
Y decidí hacer algo.

Abrí un grupo de WhatsApp con una idea muy simple: volver a conectar personas. Que estudiantes de distintas sedes pudieran conocerse, compartir materiales, hacer preguntas, acompañarse y sentirse parte de algo más grande.
Nunca imaginé lo que iba a pasar.
El primer día éramos alrededor de cien personas. Dos días después el grupo ya estaba completo. En pocos meses ya existían cinco grupos funcionando al mismo tiempo.
Lo que había comenzado como una respuesta espontánea a una necesidad terminó convirtiéndose en una comunidad.
Una comunidad que hoy reúne a más de mil profesionales y profesionales en formación de distintos lugares del mundo, donde el conocimiento circula de manera colaborativa y donde cada integrante puede enseñar, aprender, preguntar y crecer junto a otros.
Ese fue el verdadero nacimiento de CALA.
Con el tiempo entendimos que esa necesidad de encuentro también debía tener un espacio físico.
Comenzaron los cursos, las jornadas, los talleres y las supervisiones clínicas. Luego llegó la primera sede presencial y, junto con ella, un equipo de profesionales que compartía una misma forma de entender la psicología: rigurosa en lo científico, pero profundamente humana en el modo de acompañar.


Aquello que durante los primeros años se llamó PsicoTIC, en homenaje a la investigación que había dado origen al proyecto, fue transformándose junto con la comunidad.
Ya no hablábamos solamente de tecnología. Hablábamos de personas. De vínculos. De familias. De crecimiento.
Por eso nació CALA.
Elegimos ese nombre porque la cala representa la resiliencia: la capacidad de florecer incluso en contextos difíciles. Y creemos que eso mismo sucede con las personas cuando encuentran un espacio donde sentirse escuchadas, respetadas y acompañadas.
Hoy CALA es mucho más que un centro de atención psicológica. Somos un espacio de bienestar y desarrollo integral con sedes en Quilmes y Ciudad Autónoma de Buenos Aires, conformado por un equipo interdisciplinario que trabaja de manera articulada para brindar un acompañamiento cercano, ético y basado en evidencia científica.
Acompañamos a niños, adolescentes, adultos, parejas y familias, entendiendo que cada proceso es único y que muchas veces cuidar a una persona también implica fortalecer sus vínculos y su contexto.
Pero también acompañamos a quienes cuidan.
Creemos profundamente en la formación continua, en la supervisión clínica, en el intercambio entre colegas y en el trabajo en red. Porque sabemos que los mejores profesionales no se construyen en soledad, sino en comunidad.
Seguimos creciendo. Crece nuestro equipo, crecen nuestros proyectos, crecen nuestros espacios de formación y también nuestra presencia institucional. Pero hay algo que permanece exactamente igual que el primer día: la convicción de que las personas necesitan mucho más que respuestas; necesitan lugares donde sentirse parte.
Y esa sigue siendo, hasta hoy, la esencia de CALA.


